domingo, febrero 22, 2009

años consagrada

Años consagrada a la belleza
para terminar como una vieja agria
que se altera.
Para esculpir un rostro
se necesitan años de amargura
culpas varias retenidas.
Todo huele a encierro
la historia de su juventud
el hospital
la cárcel
la negación del vínculo
tan prohibido
como la música negra que condena.
En un piano imaginario Schumann aprende
a andar detrás de los barrotes.
¿Podrá abrir la brecha del dolor
reparar sonrisas
lograr que la alumna que castiga sus manos
haga reverencias?

En cuatro minutos se acortan las distancias.
La joven vibra el aire
ondula las cuerdas
y en su estrategia no pensada
la blanca rigidez convive
con la negritud que fluye
en la improvisación del jazz.
Es difícil que lo admita
pero lo cierto es
que la vieja lo hizo por las dos:
leer los pentagramas del secreto
tocar las teclas de lo feo
e indultarse.

Perdones que cruzan los aplausos
como los carceleros
que acuden al encuentro.

jueves, febrero 12, 2009

jueves

Una hora para ponerse a llorar:
debo aprovechar el momento.
Quiero decir:
después tengo que ser ocurrente
y recurrente también la gentileza.
Cuando entra el muchacho a vender
pienso que quizás pueda comprar
ese pequeño mundo que gira en mis manos sobre su eje.
Busco las islas y dice en inglés
Claimed by Argentina and UK
y luego Georgias (UK)
y miro la etiqueta con el código de barras
que empieza con números extraños, extranjeros.
La vida te escupe la verdad a través de los objetos.
Es admirable que no vuelvas a llorar
sobre ese mar
que ahora devuelves.