jueves, diciembre 29, 2011

un poema de Dolors Alberola

Refranero del can

El poema es el mejor amigo del hombre.
Detrás de un gran poeta existe un perro.
París bien vale un ladrido y Edith Piaf es la luna.
Hasta mayo, no te rasques el verso.
No sólo de la gramática vive el hombre.
Más vale canto en mano que aullido en los bares de la vida.
Vine, mordí y vencí. Vino, lamió y triunfó
-el hueso estaba echado-.
Las autoridades solitarias advierten
que la vacunación puede dañar, terriblemente, a la poesía.

Dolors Alberola (España)
Publicado en http://www.andalucia.cc/viva/mujer/antologia/Dolors_Alberola.pdf

domingo, diciembre 25, 2011

un poema de Linda Zisquit

Un Midrash moderno

¿Hemos envejecido
antes de nuestro tiempo
cruzando nuestros brazos
sin una sonrisa
o un pedazo de pan
como monos, nuestros rostros
Irreconociblemente humanos?
Saltamos y aplaudimos
para ser malditos o burlados.
Y cuando hablamos
nadie presta atención.
Y cuando dormimos
Incluso un pájaro puede despertarnos.

Linda Zisquit (Israel)
Publicado en http://bostonreview.net/BR18.1/zisquit.html
Traducido del inglés por Myriam Rozenberg

miércoles, diciembre 21, 2011

un poema de Rachid Khaless

Extracto 2

Del río que, en lo oscuro, roda sus olvidos, amo las piedras y amo más el agua que corre, libre de su camino. Como el líquido que repta viajo a la orilla de una casa violenta donde la luz vendrá a encadenarse. Tengo dudas sobre mi camino, y serpenteo allí donde la razón es línea recta. Lo desconocido es mi cosecha y de mi mano amaso mi cólera y la ofrezco en pan. Nada contradice mis entrañas. Modelo los vientos, pulo las piedras,-las mismas aceradas-, cincelo la arcilla y el aluvión, engaño la ilusión y a las pestañas mismas las maquillo, a la cisura le ofrezco las muletas-¡y me río de eso!- a la muerte le doy, mientras que la noche esposa lo blanco, de mi ladera, doy una línea del horizonte.


Rachid Khaless (Marruecos)
Publicado en http://www.maisondelapoesie.be/textes_et_poemes/textes_et_poemes.php?id=236
Traducido del francés por Myriam Rozenberg

sábado, diciembre 17, 2011

un texto de Paulo Polzonoff

Cosas banales acaban determinando toda una vida de alegría o sufrimiento. Episodios sobre los cuales no tenemos control. Al final, ¿quién puede saber lo que va, o no, ser internalizado por un niño? Tenemos la impresión de que solamente los hechos importantes se amarran a la memoria profunda. Cuando, en verdad, un día cualquiera puede ser determinante.

Esta es la historia de un día cualquiera que fue determinante para mí.

Era el primer boletín de primer grado. Un momento ansiado. Aquel pedazo de papel mediría, con precisión matemática, cuanto aprendí en varios campos del conocimiento humano, desde lengua portuguesa a matemática, pasando por la ciencia. Y , con precisión cromática (marcas verdes, amarillas o rojas) , afirmaría o negaría mi aptitud para la vida en sociedad, diciendo si yo era participativo o si tenía buena conducta por ejemplo.

Siempre fui un niño de buena conducta. Nunca me suspendieron. Nunca pelee.

Pero, por algún motivo, la maestra Tania, de primer grado, halló mejor, en aquel primer boletín, alertar a mis padres de que mi comportamiento en el aula era AMARILLO. No verde, lo ideal, ni rojo, abominable. Amarillo. Alerta. Fue con terror que vi aquel amarillo manchando mi boletín. Mi primer boletín. Fui a hablar con la maestra y ella dio una respuesta evasiva cualquiera. Dijo, probablemente, que yo conversaba demasiado en El aula. Mentira. Hoy sé que Ella probablemente ni se acordaba de mi y completó aquellos cuadraditos amarillos al azar motivada por el cansancio de la noche o una tensión premenstrual.

Cosas banales determinan la vida de las personas.

Llegué a casa y le mostré el boletín a mi madre. Hasta entonces, yo no estaba muy preocupado. Enojado con la injusticia, tal vez, pero no preocupado. Cuando mi mamá llegó del trabajo, más cansada de lo que yo era capaz de comprender en esa época, le entregué orgulloso, mi boletín. Mi esperanza era que ella me elogiara por las notas altas. Pero las cosas banales, marcas amarillas contra un pedazo de papel color rosa, determinan la vida de las personas.

Mi madre prestó atención solamente para mi comportamiento amarillo. Peligroso. Al borde del abismo. Era como si yo fuera un potencial psicópata. Las notas pasaron desapercibidas. Al inicio de esa noche, todo lo que escuché fue que mi comportamiento era horrible, indigno, etc. Pedí disculpas. Prometí mejorar. Pero el daño estaba hecho. Ni la maestra ni mi madrea ni yo sabíamos de eso en esa época.

Dos meses más tarde, el segundo boletín. Notas altas. Y las mismas marcas amarillas en el espacio “comportamiento”. Estaba maldito.

Después de eso, todas las referencias a mi comportamiento fueron buenas. Las notas continuaron altas. Hice de las mías, como todo niño saludable, pero siempre supe esconder mis travesuras mas graves. Crecí, me hice adulto y padre. Pero aquellos espacios amarillos todavía me asombran. Me sacan de quicio. Me dan ganas de llorar.

(Debido a estas marcas amarillas, ya tuve ganas de morir).

Nadie tiene obligación de conocer esta historia. Ninguno está obligado a calmar mi dolor por causa de aquellos cuadraditos amarillos. Pero, ya dije, cosas banales determinan la vida de las personas. Y siempre que recibo cualquier tipo de mala anotación en mi boletín emocional, entro en pánico. Porque me doy cuenta, que por más que me esfuerce para ser el niño ideal, siempre habrá cosas banales, sobre las cuales no tengo control ( el cansancio de la maestra, la confusión entre algún alumno conmigo), que me señalarán como alguien reprobable.

Paulo Polzonoff (Brasil)
Publicado en su blog http://www.polzonoff.com.br/page/12/
Traducido del portugués por Myriam Rozenberg

martes, diciembre 13, 2011

Cuando lo que importa es el nombre

¿Cómo se llamaba
la heladería?
La memoria es un alambre maleable.
Doblado y doblado
llega a un punto
y se corta.
La proposición dice:
recuerda.
Cerró apenas unos meses.
Quizás Verona o Venecia o Trieste.
Se enredan las ciudades
en mis cejas
porque el buen helado
viene de Italia
(así dice la historia
y hay que creerle).

Gelatteria.

Un átomo es un nombre
una astilla en un suburbio.

¿ Qué podría definir
a un heladero
que era al mismo tiempo,
arquitecto,
hincha de Racing
y exponía con cariño
la foto de un gato
blanco y negro?

Dolce. Se llamaba Dolce.

Por eso lo olvidaba.

viernes, diciembre 09, 2011

un poema de Amelina Correa

XVII

(Juan de la Cruz se complace en introducir a unos novicios en el éxtasis divino)


Fray Juan contempla
a los novicios.

Entran azorados en el recinto
oscuro,
con la luz de una vela dorando su tez pálida...
Muchachos
apenas
con el furor bullendo
dentro de las venas,
prendiéndose en sus cuerpos
como una mariposa enfebrecida.
La inocente claridad de su mirada
perpleja.

Nunca sintieron antes
nada parecido.
El fulgor de una llama,
apenas.
Un relámpago brillante
apenas.
Un amado entrevisto en la espesura
apenas. Un deseo punzante.

Y ellos no comprenden
sino su cuerpo pleno
y señalado.
Sino la extática visión
arrebatada.
Sino el amor dormido.

Y extrañados, perplejos,
duermen arrebolados esa noche.

Fray Juan sonríe.

Amelina Correa (España)
Publicado en http://www.andalucia.cc/viva/mujer/antologia/AMELINA_CORREA.pdf

lunes, diciembre 05, 2011

un poema de Ana Marques Gastão

Siempre uno de nosotros

Siempre uno de nosotros
huye. Agua sombría
asustada y continua
agua en cielo diverso
como diverso soy yo
suelo sin flor.

Vana palabra, múltiple
palabra, distante
simiente entre el arco
y la cuerda. Nada sana
en mi cuerpo ciego
yo que imagen soy,
no alegoría.

Temblor antiguo, árbol
sin fruto, nada resiste
en esta ciudad sin casa
-sólo la garza llega en su
planeo porque el tiempo
nunca es largo.

Ana Marques Gastão (Portugal)
Publicado en http://poesiaseprosas.no.sapo.pt/ana_marques_gastao/poetas_anamarquesgastao_sempreum01.htm
Traducido del portugués por Myriam Rozenberg

jueves, diciembre 01, 2011

Shelf life

El local persiste mas se arrumba.
Apellido italiano bautiza la farmacia
famosa por mil robos.

Las drogas tuvieron olores
que se perdieron.
Después las góndolas resistieron vacías.

Gondolieri. Barco que transita un agua sucia.
Mantengo mis canciones.

Doy clases de guitarra, enseño artesanías
La música y el arte son otras de las formas
que presentan los remedios.

El local es una caja de hierros oxidados.
El cartel con el nombre se vino abajo.
No sólo los fármacos poseen vencimiento.