lunes, julio 30, 2012

un poema de António José Cravo

Las cosas elementales


Hablo de las cosas más
elementales

la campana de la iglesia
donde un gallo no canta
un canto rodado
guardando el tiempo
dentro de sí
un terrón de tierra
grávido de una simiente

más elementales todavía

las sonrisas presas en los labios
de los niños tristes
las lágrimas
ríos de salados
en los lechos de los rostros abandonados
en los hogares/depósitos

hablo porque
estoy cansado de comer silencio
y leer poemas de amor
con tanto desamor
para caminar por ahí

las cosas más elementales
son las que deberían ocupar
el vientre de las palabras por parir


António José Cravo (Portugal)
Publicado en http://portuguesapoesia.blogspot.com.ar/2011/12/as-coisas-elementares.html
Traducido del portugués por Myriam Rozenberg

jueves, julio 26, 2012

un poema de Laurent Albarracin

La rueda se engendra sin cesar

de no poder desplegarse
ni salir del vientre de la rueda.


la rueda es prisionera de la rueda
y no conocerá jamás del mundo
más que la gran rueda de la ruta.


los rayos de la rueda
no brillan más que el cubo
hacia la llanta.


la rueda no puede
no repetirse.


si la rueda evolucionara
sería el fin de la rueda
y de la perfección.


y si la rueda muriera
su cabeza vendría incluso
a caer entre sus muslos.




Laurent Albarracin (Francia)
Publicado en http://www.poezibao.typepad.com/poezibao/page/4/
Traducido del francés por Myriam Rozenberg

domingo, julio 22, 2012

territorios yermos


I

ráfagas fuertes, crujidos del desierto
agua dulce que corre por debajo
balas más rápidas que los rayos de sol agobian

granjeros compran territorios yermos
esperan mujeres que hierven
ocultan sus vestidos pasados de fáciles entregas

el bandido en cadenas reconoce la puta
que habita en la hembra que recuerda a su madre

por eso, quizás, no se atreve




II

ojos celestes también atesoran el mal
una familia deshecha
la joven viuda que acontece
encuentra maquetas
mapas, estaciones ,pueblos
nada que su cuerpo ambiciona

ojos celestes enturbian deseos



III
nobleza del destierro
ser compañeros
aun sabiendo
que nada más
que esa batalla los enlaza

-o nada menos-

picardía, venganza

están unidos pariendo el hijo
de un hombre desconocido y muerto
antes que vibre el silbato del tren



IV
ese sonido que tensa y despierta

gritan y lloran por los dientes de una armónica
los nombres de los asesinados

se mezclan en el polvo
que traga la boca del único cowboy
que fue niño

              



              






miércoles, julio 18, 2012

un poema de Pierre Garnier

Saint-Quentin




mariposas en el jardín del Museo,
siglo XVIII

Jean-Jacques acá bueno y joven
piensa en las vincas

y en los pensamientos que son también flores.


Georges de la Tour- Quentin Latour


nocturnos: aquellos de Quentin están
en el tiempo que él hace, no
en aquel que pasa.


los nocturnos del primero están
en la noche eterna,
los nocturnos del segundo
iluminados por el día.


en el fin de siglo esas mismas cabezas
no serán más que un círculo en el cielo:


aquella de María-Antonieta.


Robespierre habría podido ser pintado
por Latour- pero no Saint-Just


que restableció su rostro más luego


todos esperando aquí para actuar
en una obra todavía no escrita:


aquella del más allá.


El más allá, el acá abajo-
dónde están ellos?
En todo caso, muy delgados
intentan pasar entre la vida y la muerte






Pierre Garnier (Francia)
Publicado en http://www.poezibao.typepad.com/
Traducido del francés por Myriam Rozenberg

sábado, julio 14, 2012

un poema de Jane Hirshfield

Mano


Una mano no es cuatro dedos y un pulgar.

Ni una palma y nudillos
Ni ligamentos o la almohada amarilla de la grasa
No los tendones, estrella del hueso de la muñeca, meandro de venas.

Una mano no es la delgada paja de sus líneas
Con sus infinitos dramas,
No lo que ha escrito
No en la página
No en el cuerpo extasiado.

Ni es la mano sus praderas de asir, de dar forma-
No esponja de pan de levadura que incrementa
No rotor de suavidad de giro
No tinta.

Las manos verdes del arce no ahuecan
La lluvia que se dispersa.
Lo que la vacía cae dentro del lugar abierto.

Una mano vuelta hacia arriba posee sólo una pregunta transparente, única.

Incontestable, zumbando como abejas, sube, enjambra, parte.



Jane Hirshfield(Estados Unidos)
Publicado en http://www.poets.org/viewmedia.php/prmMID/19011
Traducido del inglés por Myriam Rozenberg


martes, julio 10, 2012

tatuajes exquisitos


¿Cuántos tatuajes tenés puestos?
esas imágenes pesan como ochenta kilos
hacerlas fue todo un calvario
hay un hombre de unos cuarenta años disparando
una mujer acomoda el ramo de flores como defensa
 

esto es lo más común / lo más evidente


el hombre se acerca a la víctima
cuando dobla su brazo
se unen dos secciones
y a la hora exacta
se separan por colores


viernes, julio 06, 2012

cotidiano 08


08.

el oráculo anunciaba:
nunca escupas para arriba
y no le hizo caso

mitología-dijo
como la que aprendí en la escuela

luego sacó de adentro un árbol
que la tuvo enferma varios meses

la guadaña cae sobre el empinamiento

para caminar usa ahora patas de madera

lunes, julio 02, 2012

un texto de Pedro Lipcovich

Niños envueltos


La costumbre de conservar los niños envueltos en vinagre asusta a los niños propiamente dichos que,cuando van a dormir, se imaginan sumergidos en un frasco y tienen pesadillas. En generaciones anteriores , cuando la ingestión de los niños envueltos no podía diferirse porque no existía la receta que permite enfrascarlos,los niños podían constatar de inmediato con todos sus sentidos, incluido el del gusto, que la designación "niños envueltos" no se refería a ellos y sólo daba cuenta del humor de algún antecesor , aunque ¿por qué ese humor había sido preservado a lo largo de las generaciones?

Hoy los adultos les explicamos a los niños que los niños que se apilan unos sobre otros bajo el líquido no son más que un relleno de carne rodeado por hoja de repollo. Ellos nos creen, o creen creernos pero alguno, el hijo del farmacéutico, les revela la existencia de fetos encerrados en frascos de formol en las vitrinas. Todavía les decimos que no es lo mismo,todavía levantan sus caritas para oirnos pero basta que un solo adulto, un solo instante, flaquee en su convicción para que nuestra palabra caiga.

Pedro Lipcovich (Argentina)
Publicado en el libro Muñecos chicos.Editorial El cuenco de plata.