miércoles, febrero 26, 2014

un poema de Orit Gidali


Kohelet

Yo, Kohelet, fui rey de Jerusalem,
Realmente lo fui.
Pisando cientos de flores en mi camino hacia la cama blanca
donde mis mujeres esperaban para remover la corona de mi cabeza-
hecha de mazapán en la mordida de suaves lenguas-
mi seda frotando contra sus sedas, mi carne elegiría entre
ellas, y mi carne ya era dulce entre sus carnes.

Kohelet, tuve cientos de mujeres
y no tuve ninguna
podía reconocerla por su aroma
o por su piel o sus pies,
sus pasos cuando se alejaban de mí: el lamento de David.
sus pasos hacia mí: su canción.

Yo soy Kohelet, Salomón,
mi ropa de cama es el misterio de sudarios
y mi corona mordida está sobre mí.

Orit Gidali (Israel)
Publicado en http://www.thebakerypoetry.com/writing-from-israel/4/#bride
Traducido del inglés por Myriam Rozenberg

sábado, febrero 22, 2014

un poema de Carlota de Barros


Mar y fuego

Nací junto al mar
um mar intranquilo
y bello

olas salvajes
subiendo para las velas
como un grito sensual
de amantes nostálgicos

dormí tranquila
con el rumor del mar
y sabor a sal
en el aire caliente de la noche

me uní para siempre
                al agua
                           al sol
                                  a la arena

nací entre el fuego
y tempestades saladas

me cubrí de salitre
mastiqué la sal
de las olas sin fronteras

y me uní
para siempre
al mar y al fuego.


Carlota de Barros (Cabo Verde)
Publicado en http://www.africaeafricanidades.com.br/documentos/ANTOLOGIA-CABO-VERDE.pdf
Traducido del portugués por Myriam Rozenberg

martes, febrero 18, 2014

Página en construcción

Cierro los ojos.  Visualizo. En esta ola de calor, la imagen se nubla, foto que se añeja.

No veo nada.
Los padres y los hijos se hunden entre la ropa limpia y los sueños se enmascaran tahúres en susurros desde páginas de libros.
Es un juego el caos de la casa, un pequeño universo controlado. En la puerta de entrada elijo abandonar el mundo hirviente.

En el cerebro, sin embargo, se agolpan las violentas tragedias, las históricas, que se escriben desde la memoria de los tiempos, generación en generación. Aunque ya no retenga los nombres familiares, me quedan los hechos. Complejos destinos tuvieron los perseguidos, apellidos cambiados, cruces virulentos de fronteras. Van dentro de mi sangre.
También los pequeños dramas cotidianos: la plata que no alcanza a fin de mes, el llamado trunco del que parecía conocido y ahora es apenas un extraño, el desborde de papeles con letras que se precipitan en filas como hormigas. Y los que duelen, duelen, duelen.

Sé muy bien lo quiero.
Una paz que descienda hacia mí, que mitigue la angustia reincidente de lágrimas, que siembre esperanza en este edificio derribado.

Una plegaria.

Aunque sea un poco tarde.

 

viernes, febrero 14, 2014

Imprudentes se repiten como ecos

Él no será distinto
pienso
mientras unas mujeres hablan de hombres
que brotan imprudentes
se repiten como ecos
te comen el cuerpo
antropofágicos
rumiándolo un rato
te lo devuelven masticado
gorjean trinos ridículos
te arrancan el futuro
para volverlo a ingerir 
a la noche
están hambrientos

Si hubiera acaso
un archivo
que atesore identikits
donde se encuentren los rostros
con sus palabras y acciones asesinas
estaríamos atentas
para llamar raudas
al 911 del dolor
y evitaríamos
el tufillo a humedad
que se desprende
de los ojos de estas casas
que se horadan y envejecen

 

 

lunes, febrero 10, 2014

un poema de Anat Levin


Poema 8

A las 18 el tiempo vino para casarse
Un novio fue encontrado, un vestido fue confecionado
( un poco demasiado apretado. La costurera dijo:
Bate tus brazos para arriba y para abajo como un pájaro- se estirará)
Alquilaron un salón pequeño y una banda, tocaron Aris San
Y bailaron. Batiste tus brazos, para arriba, para abajo
Y en cualquier sentido. No sirvió.
Había pollo.



Anat Levin (Israel)
Traducido del hebreo al inglés por Vivian Eden
Traducido del inglés al español por Myriam Rozenberg
Publicado en
http://www.haaretz.com/culture/poem-of-the-week/.premium-1.535539


miércoles, febrero 05, 2014

un poema de Elaine Feinstein


Jerusalem

Tus piedras todavía sostienen el resplandor de un sol de junio
hasta que la noche del desierto gotea
un manto azul oscuro sobre las calles

bruscamente, como siempre en el Levante.
Cuando te vi por primera vez,
un cable punzante taladró tu corazón,

y la claridad de tus estrellas me perforó
como un Dios tribal antiguo.
Revendí todos mis dijes de plata

de manera que pude deambular por los callejones angostos
con tu polvo blanco
en mis sandalias durante unos pocos días más,

beber té de menta con mi amante marroquí
bajo armas jordanas antes de que
me fuera por el Londres lluvioso y el hombre con el que me casé.

Elaine Feinstein (Gran Bretaña)
Traducido del inglés por Myriam Rozenberg
Publicado en http://www.haaretz.com/culture/poem-of-the-week/.premium-1.531747