Me preguntas por qué y cuándo
Me preguntas por qué y cuándo
te respondo que fue así
reparar simplemente en un atardecer cualquiera
pongamos por caso -ya que ni siquiera sabemos cuál- de octubre
en cómo golpeaba la luz del sol el rosáceo
e inaccesible flanco sudeste del palacio
Sacchetti
-la luz golpeaba y al tiempo bañaba no sé si me
entiendes?-
reparar en las hojitas negras y agudas de la hiedra -hacía viento
¿comprendes?- recorridas a trechos
hacia arriba en el sendero de obscuras ramificaciones por una especie de
descarga eléctrica reiterada que simultáneamente
estuviese empapada sabe Dios cómo de auténtico y líquido
oro
y sentir deseos de pronto después de infinitos años
de reír reír y a la vez todo lo
contrario
Giorgio Bassani (Italia)
Del libro Epitafio (Editorial Visor).
Traducido por Carlos Manzano
Publicado en http://www.lanacion.com.ar/1531422-me-preguntas-por-que-y-cuando
....soy de la rosa y la mar... soy el escaramujo
(Silvio Rodríguez)
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viernes, diciembre 28, 2012
martes, diciembre 18, 2012
un poema de Alda Merini
Invocación
No te vayas de esta región de amor
que es el corazón
y de esta veleidad de vida donde cada confín está sacio
de amoroso silencio y donde todo comienza el día
antes para andar a morir en el tormento. Hay
cosas que
tú no sabes que son dichas y calladas en el tiempo
cuchillos avaros de sí mismos, canciones inmemoriales
ciegos que vienen a mendigar hasta tu puerta aún
viéndonos bien y que piden ser recibidos
en nombre del mito de Edipo. De hecho esos
son ladrones son
ladrones que mendigan el amor para dejarlo luego afuera
de la puerta como un horrendo delito y Julio el
malhechor a entreabrir mi puerta y llevarme lejos
Cadmo y Armonía una pareja de benefactores la luz
que siempre ha entrado del convento de mi miedo
y aún la divina Aspacia del collar de oro macizo
y aún ciertas musas devota y aún ciertas cosas que
permanecen dentro de la pared de la canción que alza
sus frentes mejores. Entra y sal también tú de aquello que
yo no digo, hazme decir la historia del amor que
un día ha caído en el tiempo.
Alda Merini (Italia)
Del libro Clínica del Abandono (Editorial Bajo la Luna).
Traducido del italiano por Delfina Muschietti
No te vayas de esta región de amor
que es el corazón
y de esta veleidad de vida donde cada confín está sacio
de amoroso silencio y donde todo comienza el día
antes para andar a morir en el tormento. Hay
cosas que
tú no sabes que son dichas y calladas en el tiempo
cuchillos avaros de sí mismos, canciones inmemoriales
ciegos que vienen a mendigar hasta tu puerta aún
viéndonos bien y que piden ser recibidos
en nombre del mito de Edipo. De hecho esos
son ladrones son
ladrones que mendigan el amor para dejarlo luego afuera
de la puerta como un horrendo delito y Julio el
malhechor a entreabrir mi puerta y llevarme lejos
Cadmo y Armonía una pareja de benefactores la luz
que siempre ha entrado del convento de mi miedo
y aún la divina Aspacia del collar de oro macizo
y aún ciertas musas devota y aún ciertas cosas que
permanecen dentro de la pared de la canción que alza
sus frentes mejores. Entra y sal también tú de aquello que
yo no digo, hazme decir la historia del amor que
un día ha caído en el tiempo.
Alda Merini (Italia)
Del libro Clínica del Abandono (Editorial Bajo la Luna).
Traducido del italiano por Delfina Muschietti
domingo, enero 01, 2012
un poema de Primo Levi
Partigia
¿Dónde estáis, partisanos de todos los valles,
Tarzán, Riccio, Sparviero, Saetta, Ulises?
Muchos duermen en tumbas decorosas,
El resto, blanco ya el cabello,
Narran a los hijos de los hijos
Cómo, en el remoto tiempo de la certeza,
Rompieron el cerco de los alemanes
Arriba donde pareciera flotar el telesférico.
Algunos compran y venden terrenos,
Otros mordisquean la pensión de la Seguridad Social
O se arrugan en las dependencias de la Administración.
Alzaos, ancianos: para nosotros no hay descanso.
Vayámonos de nuevo a la montaña.
Lentos, cansados, vendadas las rodillas,
Con el peso del invierno en la espalda.
El descenso del camino será duro,
Duro nuestro lecho, duro el pan.
Nos miraremos sin reconocernos,
Desconfiados unos de los otros, dolidos, oscuros.
Como en aquel entonces, centinelas,
Vigilando al alba el ataque enemigo.
¿Cuál enemigo? Todos somos enemigos.
Vencido cada cual por su propio límite,
La mano derecha enemiga de la izquierda.
Viejos: alzaos, enemigos de vosotros mismos:
Nuestra guerra nunca ha terminado.
Primo Levi (Italia)
Del libro A una hora incierta. Editorial La Poesía, señor hidalgo.
Traducido del italiano por Jeannette L. Clariond.
¿Dónde estáis, partisanos de todos los valles,
Tarzán, Riccio, Sparviero, Saetta, Ulises?
Muchos duermen en tumbas decorosas,
El resto, blanco ya el cabello,
Narran a los hijos de los hijos
Cómo, en el remoto tiempo de la certeza,
Rompieron el cerco de los alemanes
Arriba donde pareciera flotar el telesférico.
Algunos compran y venden terrenos,
Otros mordisquean la pensión de la Seguridad Social
O se arrugan en las dependencias de la Administración.
Alzaos, ancianos: para nosotros no hay descanso.
Vayámonos de nuevo a la montaña.
Lentos, cansados, vendadas las rodillas,
Con el peso del invierno en la espalda.
El descenso del camino será duro,
Duro nuestro lecho, duro el pan.
Nos miraremos sin reconocernos,
Desconfiados unos de los otros, dolidos, oscuros.
Como en aquel entonces, centinelas,
Vigilando al alba el ataque enemigo.
¿Cuál enemigo? Todos somos enemigos.
Vencido cada cual por su propio límite,
La mano derecha enemiga de la izquierda.
Viejos: alzaos, enemigos de vosotros mismos:
Nuestra guerra nunca ha terminado.
23 de julio de 1981.
Primo Levi (Italia)
Del libro A una hora incierta. Editorial La Poesía, señor hidalgo.
Traducido del italiano por Jeannette L. Clariond.
sábado, junio 19, 2010
un poema de Donatella Bisutti
Como dioses
El insecto
que con tan delgadas piernas
cubre una distancia
infinitesimal en la pared
nosotros
lo aplastamos con el pulgar
no crueles no
inquietos
Donatella Bisutti (Italia)
Publicado en Italian Poetry
Traducido del italiano por Jon Silkin
Traducido del inglés por Myriam Rozenberg
El insecto
que con tan delgadas piernas
cubre una distancia
infinitesimal en la pared
nosotros
lo aplastamos con el pulgar
no crueles no
inquietos
Donatella Bisutti (Italia)
Publicado en Italian Poetry
Traducido del italiano por Jon Silkin
Traducido del inglés por Myriam Rozenberg
jueves, agosto 24, 2006
un poema de Mirella Muià
La Madre (I)
Cuando nací
ya existía ese sordo rumor:
alguien tejía,
no supe nunca quién
(¡tal vez una vecina,
una mujer de negro
olvidada?).
No importaba-era siempre
ese sordo sonido
que iba y venía
en un cuarto lejano.
Lo he oído por años.
Cuando nació mi hija
todas estaban
a mi alrededor:
yo buscaba
qué era lo que faltaba
-era ese sordo ruido.
Alejé entonces con mis propias manos
el paño fresco de la frente
y dije a las mujeres que una de ellas
fuera a un cuarto lejano
y se sentara al telar.
Fue así que volví a oírlo,
y hubo de nuevo aquel
escandido silencio.
Mi hija nació en ese silencio.
Mirella Muià (Italia)
Del libro El astro disperso, antología de poetas italianos realizada por Pablo Anadón. Ediciones del Copista.
Cuando nací
ya existía ese sordo rumor:
alguien tejía,
no supe nunca quién
(¡tal vez una vecina,
una mujer de negro
olvidada?).
No importaba-era siempre
ese sordo sonido
que iba y venía
en un cuarto lejano.
Lo he oído por años.
Cuando nació mi hija
todas estaban
a mi alrededor:
yo buscaba
qué era lo que faltaba
-era ese sordo ruido.
Alejé entonces con mis propias manos
el paño fresco de la frente
y dije a las mujeres que una de ellas
fuera a un cuarto lejano
y se sentara al telar.
Fue así que volví a oírlo,
y hubo de nuevo aquel
escandido silencio.
Mi hija nació en ese silencio.
Mirella Muià (Italia)
Del libro El astro disperso, antología de poetas italianos realizada por Pablo Anadón. Ediciones del Copista.
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