martes, marzo 01, 2005

orígenes II

Ningún aliado vio sus cuerpos cadavéricos
su desnutrición avanzada
la mueca que expresaba un dolor putrefacto.

Ellos no fueron la bolsa de huesos que sonreían al paso de los tanques
que miraban su avance con una soledad penosa.

Nadie los fotografió con las ropas colgándole de las caderas
los ojos como cuencos vacíos
sin fuerzas siquiera para comer respirar pedir ayuda.

Resignados a su destino amarillo
mis bisabuelos fueron ese humo que alguien dejó escapar
judías cenizas que volaron de un campo de concentración.

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