miércoles, septiembre 10, 2008

El techo de la tierra

Hoy hice cumbre.
Estoy en el borde del Himalaya.
Años y años escalando la montaña.
Me faltó el aire y seguí.
Tuve frío y seguí.
Me puse enferma y seguí.
Muchas veces me pregunté por qué lo hacía.
Era esto lo que realmente deseaba?
Por qué subía si me quedaba rígida
ante los experimentos de la naturaleza:
obtener sustancias, destilar agua,
extraer compuestos…todo para qué?
Y sin embargo, volvía a intentarlo, a cada instante.

Mis amigos me gritaban que se podía
pero yo no alcanzaba a escucharlos.
La que escalaba era yo
y sólo yo conocía
los precipicios
las hendiduras
los pasadizos
los huecos que tientan
los vacíos que llaman.

Entre tanta soledad
tuve una amiga que
calentó mis pies cuando se escarchaban
arrulló mi sueño
y se mantuvo alerta para protegerme del peligro.
Me abandonó hace poco:
hizo conmigo el último esfuerzo,
me ayudó a trepar pero ella quedó sin vida.
La vi irse exánime sin gemir, sin quejarse.
Después quedaba para mí
caminar estos pocos metros y plantar bandera.

Ahora veo los cielos de los pueblos pequeños
y no distingo a los hombres diminutos.
Esta sensación de tanta altura embriaga.
Voy a bajar, porque amo la planicie
y amo a los hombres y mujeres llanos.
Ya aprendí que se puede llegar un día
al techo de la tierra
y retornar con esa paz que dejan
las misiones cumplidas.