sábado, septiembre 16, 2017

un poema de Lucía Etxebarría

Salmo 

Estos eran los nombrados de la congregación, 
príncipes de las tribus de sus padres

Si una parte de mí no respetara su silencio, tu silencio de paredes blancas, lo incognoscible, lo innombrable 

Dijo hágase la luz y la luz se hizo, pues no existía antes de nombrarla

Si una parte de mí no respetara su silencio, tu silencio, recinto inexpugnable donde halla su espacio la palabra

Y el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros

Si una parte de mí no le temiese al tiempo, doliente rueda de lenguajes siempre repetidos, si una parte de mí y no ansiara engañarle, escapar este mortal dolor de retroceso

No pronunciaras su nombre en vano 

Si una parte de mí en esta solitaria hora en la que nada se dice no se mordiera los labios para evitar nombrarte y encerrarte 

El discurso no puede nombrar la forma y la vitalidad del silencio 

Si una parte de mí no se escondiera como una fiera herida, agazapada, que se lame la sangre del costado, si una parte de mí no se escondiera

El cielo y la tierra pasarán, pero no las palabras 

Si una parte de mi qué triunfal desafío, no negara el arriendo de mi alma y de la tuya, sí una parte de mí no rechazara este vulgar comercio de lealtades

Pues siempre es mejor callar lo que no se puede decir

Si una parte de mí no aferrara el silencio, lo incognoscible, lo inalcanzable, si una parte de mí no despidiera al inasible nombre de las cosas

No​ perecerá por fuego ni por agua, sino por silencio

Si una parte de mí no deseara conocer la esencia anterior y primordial, la gracia pura que existía sólo cuando no había sido designada. Si una parte de esta salmodia recitada no incluyera las pausas, el silencio 

Si una parte de mí no se callara para poder cantarte 


Lucía Etxebarría​ (España)
Del libro "Estación de infierno". Editorial Lumen

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