viernes, enero 01, 2010

el santo

Acaba de empezar la lucha por el santo. Sus huesos en el mar, hace mil años, por esa estúpida indecencia de los marineros. Una hazaña mantener la barba blanca de los turcos, el oro y sus regalos. Partamos lo amarillo, lo que no se deforma, lo que esté vaciado de falacias y hagamos un museo en su memoria. ¿Y no es mejor si preguntamos, si quiere salir, en retroceso, si desea obrar nuevos milagros? Veamos. Observemos en el límite del cuerpo sus opiniones benditas, ligeras, como una magnolia cenicienta.

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