miércoles, noviembre 23, 2011

un poema de Aline Pettersson

Estofado


¿Y cómo hablar del sencillo placer
del tiempo que se dilata
en la cóncava oscuridad
del barro?

¿Y cómo del crepitar
de la cazuela
anundando fragancias y texturas
al calor de su fiebre?

Suave borbotear de transparencias,
matices,
sabores,
el espesarse lento de los jugos en la oquedad
donde arde la vida
que será transfigurada.

El blanco iridiscente en la cebolla,
el manto de cobre
que arrebuja a la zanahoria
en su danza.

Y las negras esferas de pimienta,
y la carne sellada al rojo vivo
con adorno de laurel
y de hinojo.

El humo se eleva por los aires,
se cuela por la nariz palpitante.
La boca se humedece,
anticipa el deleite

que mi manos
-cumplido su oficio-
dejaron al tardo transcurrir
de este tiempo de fuego.

En torno al viejo encino de la mesa,
yo y mi madre y mis hijos y sus hijos
en sosiego esperamos.

Pero mi hambre es tan agónica
y tan ávida la sed
que mientras arda la vida,
mientras aliente su fuego

jamás podrán saciarse.


Aline Petterson (México)
Publicado en http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=580&Itemid=82

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