domingo, noviembre 26, 2006

la olla

-Pero no es que seamos más dignos, ninguna persona es digna. No estamos hechos para la dignidad.
-¿Cómo deberíamos estar hechos para poder ser dignos?
-Sin deseos- respondió Jacobo Weir-.

(El Once-Marcelo Birmajer)


El orgullo es una piedra que pesa. No se trata de dinero, ni vestidos sino de hambre. Ese desierto bordado en el estómago , nada sofisticado, no exigente, apenas una educada súplica del jugo gástrico. Pero ella jamás dirá que tintinea el deseo por alimento, que la plata es un pájaro avanzando por el aire, inalcanzable, que el trabajo es escaso para un recién recibido. Nadie va a enterarse de eso. Orgullo dulce como el sabor del durazno que se aleja, empuñadura de todas las acciones, águila que revolotea sobre la tecla del piano, desgraciado marfil, no comestible. Ella prende la hornalla, carga de agua la olla, no se avergüenza. Humo que nace, vapor sin aroma ni acrobacia, engaño de vecinos y de suegros. Ella es fuerte en dignidad, sólo la tuberculosis la tumba en los meses que se juntan.

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