sábado, diciembre 15, 2007

dígitos






En ese país pasaban cosas raras. El gobierno decía que no había inflación, ni desocupación, ni hambre, ni gente sin vivienda. El organismo que medía estos índices señalaba que los números no se movían, que todos eran apenas de un dígito.

Los viejos, reunidos en asamblea, exigieron hablar con el presidente.
-A partir de ahora –propusieron- queremos que la edad esté atada a estos valores, que se estanquen, que nunca crezcan.

El presidente accedió. Durante casi un año la edad no aumentó, se mantenía fija, sin cambio alguno. Para cumplir con su promesa, el día antes de cada cumpleaños, el presidente pedía al ministerio de salud que aplicara a los ancianos una inyección que no doliera. Morían felices, por fin dignificados.

1 comentario:

ALACAZUM dijo...

Fátidico sistema que nos aprisiona. O que seria de nós se não fosse as palavras?