viernes, febrero 08, 2008

romanticismo

Las casas que rodean al estadio están que arden. Vibran al compás de las canciones. El mexicano acaba de llegar a los boleros y las chicas tienen lágrimas, se doblan.
Las casas oyen que él acaricia su rodilla por debajo de la mesa pero es curioso, está en silencio, son las chicas las que cantan.
-El sabe que siempre lo escuchamos- dice una de ellas-. Si venimos al estadio, si pagamos la eternidad de este momento, y vale caro, es para que él escuche.
Un ejército reclama un romanticismo viejo que en la almohada de su casa se les niega.

No hay comentarios.: