lunes, febrero 04, 2008

veinte libras


Hoy he delatado a mi amigo, mi cerebro,
por veinte libras.
Con la mitad hacía un viaje a América.
Gasté la plata dando de beber a desconocidos
que se me colgaron del brazo
llamándome rey
justo en el sitio en que no queremos monarquía.

No es que el ciego me haya visto
es que yo me vi guardándome el dinero
de la delación
y estoy tratando de callar la voz
que martilla la conciencia.

Quise ser un hombre
demostrar mi valentía frente a una mujer
agallas que no tuve para matar al inglés a sangre fría
y así quedé expulsado del ejército de Irlanda.

Ahora me buscan mis antiguos compañeros.
En medio de la niebla
vislumbran que fui yo el informante.
Es que no sabía lo que hacía.
Lloro como un niño
porque soy sólo músculo y no tuve plan
para salvarme.

La madre y dios me conceden su perdón
en plena iglesia.
Voy a morir y no seré el último que caiga.
Empieza un siglo de venganzas
de luchas clandestinas
y se llenará de más cadáveres la tierra
hasta que un día sea
católica y republicana.




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