sábado, agosto 09, 2008

Un poema de Olga Orozco

Cantos a Berenice XVII


Aunque se borren todos nuestros rastros igual que las bujías en el amanecer
y no puedas recordar hacia atrás, como la Reina Blanca, déjame en el aire la sonrisa.
Tal vez seas ahora tan inmensa como todos mis muertos
y cubras con tu piel noche tras noche la desbordada noche del adiós:
un ojo en Achernar, el otro en Sirio,
las orejas pegadas al muro ensordecedor de otros planetas,
tu inabarcable cuerpo sumergido en su hirviente ablución, en su Jordán de estrellas.
Tal vez sea imposible mi cabeza, ni un vacío mi voz,
algo menos que harapos de un idioma irrisorio mis palabras.
Pero déjame en el aire la sonrisa:
la leve vibración que azogue un trozo de este cristal de ausencia,
la pequeña vigilia tatuada en llama viva en un rincón,
una tierna señal que horade una por una las hojas de este duro calendario de nieve.
Déjame tu sonrisa

a manera de perpetua guardiana,
Berenice.


Olga Orozco (Argentina)
Publicado en Relámpagos de lo invisible.

2 comentarios:

Noctiluca dijo...

Ay Myri!!!! Este poema es bello, pero entiendo tu sentimiento del post anterior... he tenido muchos gatitos en mi vida, y una perrita. Los amamos mucho y cuando se van nos dejan para siempre el recuerdo de sus ojos, el color el pelaje la "voz".... Pero ellos aceptan mejor las verdades de la vida y la muerte y se juntan en un cielo de gatos parecido al botánico pero más azul. Y los perritos tienen otro.

Besos,
Clara

elescaramujo dijo...

Clara, qué lindo lo que decís, espero que así sea, porque mi Menina merece el mejor de los cielos. fue una gata buena y sufrió su enfermedad y agonía sin quejarse, con ganas de vivir hasta último momento. nos quisimos mucho,estábamos muy conectadas, por eso la extraño tanto. pero es así, los animales son más sabios que los humanos y saben cuándo llega la hora de despedirse. mi gata se despidió de mí,acompañándome hasta el ascensor, antes de desplomarse. después se echó a esperar durante 12 horas, yo pude acariciarla antes, y tuvo un raro ronroneo mientras le tocaba sus huesitos flacos. horas después tuve que alzarla fría, con sus ojos abiertos, y su cola parada, en posición de marchar, como hizo toda sus días. tengo que aprender de ella muchas cosas. gracias Clara por acompañarme en todos mis momentos difíciles. besoss!!