sábado, febrero 06, 2010

química analítica

Mientras la profesora escribe en el pizarrón fórmulas de aniones y cationes, los estudiantes copian. Son cada vez menos los que logran entenderla. Uno se atreve a consultar sus dudas. La profesora contesta enredándose en comentarios impenetrables, hace que también de su boca surja la oscuridad. El estudiante opta por no seguir preguntando, incomprendido, calla. La profesora le da la espalda a la clase, de su tiza continúan saliendo reacciones irreversibles. Los jóvenes se miran y empiezan a reír, primero lo hacen tímidamente, pero después irrumpen en una carcajada colectiva: la confusión es un consuelo que se comparte. La profesora observa a esa multitud desencajada, sabe mucho pero no consigue descifrar la risa, ese lejano jeroglífico.

1 comentario:

Verónica Ruscio dijo...

Muy bueno. Me gustó el texto, la manera de reflejar esa incomprensión mutua, esa comunicación fallida.

Saludos.