martes, agosto 30, 2011

un poema de Pam Ayres

Sí, me casaré contigo, mi querido

Sí, me casaré contigo, mi querido, y esta es la razón por qué;
Así puedo empujarte de la cama cuando el bebé empieza a llorar,
Y si escuchamos un golpeteo, y es escalofriante y es tarde
Te doy la antorcha para que veas e investigues.

Sí, me casaré contigo, mi querido, no podrás detenerlo,
Pero cuando la secadora marche, serás tú quien deba repararla,
Tú tendrás que enfrentar al vecino, debería nuestro labrador atacarlo,
Y si un borracho me sobe, debes ser tú quien tiene que aporrearle.

Sí, me casaré contigo, eres viril y eres delgado.
Mi casa es como una pocilga, tú vas a ayudar a mantenerla limpia,
Y esa pequeña cena sexy que sirves, a la luz de una vela
Como yo hago chipolatas, puedes cocinar cada noche!

Eres tú el que tiene que usar el taladro y poner el riel de las cortinas
Y cuando tenga la tensión premenstrual eres tú el que tiene las críticas
Veo grandes ventajas pero ninguna de ellas para ti
Y por eso, antes que veas la luz, sí, quiero, sí, quiero, sí, quiero.

Pam Ayres (Reino Unido)
Publicado en http://www.poetryarchive.org/poetryarchive/singlePoem.do?poemId=11737
Traducido del inglés por Myriam Rozenberg

sábado, agosto 27, 2011

un poema de Maya Angelou

Trabajo de mujer

Tengo chicos de los cuales ocuparme
Las ropas para remendar
El piso para pasarle el trapo
La comida para comprar
Luego el pollo para freír
El bebé para secar
Tengo compañía a la que alimentar
El jardín para desmalezar
Tengo camisas para planchar
Los chicos para vestir
La lata para cortar
Tengo que limpiar la cabaña
Luego mirar a los enfermos
Y el algodón para recolectar

Brilla sobre mí, luz de sol
Llueve sobre mí, llueve
Cae suavemente gotas de rocío
Y enfría mi frente nuevamente

Tormenta, sóplame desde aquí
Con tu viento más feroz
Permíteme cruzar a través del cielo
Hasta que pueda descansar nuevamente

Caigan gentilmente, copos de nieve
Cúbranme con blancos
Fríos, helados besos y
Déjenme descansar esta noche

Sol, lluvia, cielo tortuoso,
Montaña, océanos, hoja y piedra
Brillo de la estrella, rubor de la luna
Son todo lo que puedo llamar mío.


Maya Angelou (Estados Unidos)
Publicado en http://famouspoetsandpoems.com/poets/maya_angelou/poems/502
Traducido del inglés por Myriam Rozenberg

miércoles, agosto 24, 2011

un poema de Shel Silverstein

¿Y si?

La otra noche, mientras estaba acostado pensando aquí
Algunos ¿y si? se arrastraron dentro de mi oído
Y entraron meneándose y se divirtieron toda la noche
Y cantaron la misma canción vieja del ¿y si?:
¿Y si soy el tonto en la escuela?
¿Y si cerraron la pileta?
¿Y si me pego una paliza?
¿Y si hay veneno en mi taza?
¿Y si empiezo a llorar?
¿Y si me enfermo y muero?
¿Y si repruebo ese examen?
¿Y si crece vello verde en mi pecho?
¿Y si nadie me quiere?
¿Y si un rayo me golpea?
¿Y si no crezco?
¿Y si mi cabeza empieza a empequeñecer?
¿Y si el pez no pica?
¿Y si el viento rompe mi barrilete?
¿Y si empiezan una guerra?
¿Y si mis padres se divorcian?
¿Y si el ómnibus llega tarde?
¿Y si mis dientes no crecen parejos?
¿Y si mis pantalones se rompen?
¿Y si nunca aprendo a bailar?
Todo parece bien y luego
los ¿y si? de la noche golpean nuevamente.


Shel Silverstein (Estados Unidos)
Publicado en http://famouspoetsandpoems.com/poets/shel_silverstein/poems/14819
Traducido del inglés por Myriam Rozenberg

sábado, agosto 20, 2011

un poema de William Heyen

Otto Pressburger, 18 años, en Birkenau, 1942


Fuimos a trabajar para construir rutas- los Kapos y los hombres de la SS
nos supervisaban. Había un judío de nuestro pueblo.

alto y fuerte, de una rica familia. El Kapo reconoció
los dientes de oro y dijo dámelos.

El hombre le respondió que no podía, pero el Kapo dijo nuevamente
dámelos a mí, pero el hombre insistió en que no podía

abandonar sus dientes de oro. El Kapo tomó
una pala y lo golpeó en la cabeza hasta

que el hombre cayó. El Kapo se volvió sobre él
y puso la pala en su garganta y se paró sobre ella.

Partió el cuello del hombre y uso la pala para sacar
los dientes de su boca. Otro judío preguntó

cómo pudiste hacer esto. El Kapo lo mató de la misma manera.
Nos advirtió no hacer preguntas, meternos en nuestros propios asuntos.

Esa tarde cargamos doce cuerpos de vuelta hacia las barracas.
Él los mató sólo por divertirse. Eso ocurrió el primer día.


William Heyen (Estados Unidos)
Publicado en http://www.thebluejewyorker.com/issue7/issue7pages/Heyen.html
Traducido del inglés por Myriam Rozenberg

miércoles, agosto 17, 2011

un poema de Rick Lupert

Día japonés

Hoy en el Museo Nacional
Japonés Americano, nos sirvieron
té caro y nos quejamos
que la otra mesa tenía postre
de chocolate en vez del de bananay nuez
que nos trajeron.
Hoy en Japón una ola arrastró una casa
diez mil veces.

Rick Lupert (Estados Unidos)
Publicado en http://poetrysuperhighway.com/RulesForPoetry.pdf
Traducido del inglés por Myriam Rozenberg

domingo, agosto 14, 2011

ropa sin usar

Me dice que ese nuevo pulóver que compró
lo va a dejar para salir
que aquel vestido viejo es para entrecasa
que tiene ropa interior sin estrenar
por si cae enferma y tiene que internarse.
Entonces le contesto
que no sale nunca
más que para cobrar su pensión una vez por mes,
para ir al médico cuando ocasionalmente se siente mal
o si va de visita a la casa de sus hijos o sus nietos.
Que las cosas se hicieron para usarse aquí y ahora
y que no voy a colocar sus bombachas
en el cajón
para que se las ponga más allá de esta tierra
a la manera de las ofrendas hechas a los faraones.

jueves, agosto 11, 2011

un texto de Tarsicio Valencia

Flor y mar

La madre María Josefa de la Concepción y Palacios pasó de Toledo a Cádiz sin ninguna novedad. Iba camino a Lima a fundar el convento de María y José.
Llevaba las reales órdenes. Cuarenta cajas con ornamentos religiosos y hábitos, doce pares de cruces de oro y plata. Llevaba seis religiosas; todas entre los diez y seis y diez y ocho años cumplidos.

En el puerto de Santa María corrían los rumores de piratas franceses y holandeses. Ella se despidió de las hermanas con lágrimas en los ojos. Era el primero de marzo de mil setecientos. Seis de la mañana.

El piloto del navío San José no quería dejar aquel puerto. Tengo un sino entre ceja y ceja y algo me dice que seremos prisioneros de los holandeses. La madre María Josefa le replicaba: Piloto Núñez, no mira usted que vamos en el San José? ¿Y qué tiene que vayamos en el San José, reverendísima hermana? Que el San José florece en las aguas, dijo ella. Hacía buen viento cuando despegaron velas. Por entre la niebla un barco aparecía.

Los piratas tomaron las cruces y el aceite, el tocino, las jóvenes vírgenes miraban con ojos suplicantes.

A una desnudaron en presencia de todos. Trinidad de diez y siete años se llamaba. Primero se desmayó. Así la contemplaron. Luego, entre alcoholes y risas le vistieron el manto de una india. Esta la quiero para mí, dijo el corsario Lipika.

La Madre María José no levantó los ojos en toda la noche. Lo mismo hicieron las otras cinco compañeras. La pasearon de mano en mano, la besaban, la acariciaban, la montaron encima de un perro negro. La emborracharon. La jugaron a los dados y a las cartas.

En la noche hicieron aparición los juegos de san Telmo. María Josefa tomó un rosario de pétalos de rosa y lo arrojó a la mar. El cielo se tiño de rojo. Los piratas dormían.
Luciérnagas en la mar. El San José florecía con los pájaros del amanecer.


Tarsicio Valencia (Colombia)
Publicado en Festival de poesía de Medellin

lunes, agosto 08, 2011

un poema de Ludovic Janvier

Bajo tu grito

No sólo tu grito sino el sí bajo tu grito
no sólo el sí sino el cielo bajo el sí
no sólo el cielo sino el eco bajo el cielo
no sólo el eco pero la noche bajo el eco
no sólo la noche pero la sed bajo la noche
no sólo la sed sino el azul bajo la sed
no sólo el azul sino la sombre bajo el azul
no sólo la sombra sino la risa bajo la sombra
y bajo la risa el campo en pleno verano

Ludovic Janvier (Francia)
Publicado en http://terresdefemmes.blogs.com/mon_weblog/2007/01/ludovic_janvier.html
Traducido del francés por Myriam Rozenberg

viernes, agosto 05, 2011

un poema de Alberto Barrera Tyszka

Mujeres

Hay mujeres que se llevan las manos a la cabeza.
Sus manos parecen tijeras. O pájaros
cuyo único sur es la angustia.

Conocí a una que perdió a un hijo en una alberca.
Un niño de seis años que flotaba
como la colilla de un cigarro en un vaso de vodka.

Hay mujeres que se llevan las manos a la cabeza.
Sus manos no son nubes.

A veces las veo pasar como si nada les pasara.
Un precipicio debajo de la sangre.
Un rencor de cebollas y de ortografía.
(El amor es una inocencia inútil.)

Hay mujeres que se llevan las manos a la cabeza.
Sus manos son tijeras. Nunca nubes.

Sé también de una Alejandra que fue violada
siete veces.
Un mordisco de metal.
Un reptil que se entierra en tu vientre.
Un cuchillo que te orina.
Siete veces.

Hay mujeres que se llevan las manos a la cabeza.

Tal vez tan sólo esperan atajar un grito sobre el aire.
Tal vez tan sólo cavan un túnel en su almohada.


Alberto Barrera Tyszka (Venezuela)
Publicado en http://www.letraslibres.com/index.php?art=7752&rev=2

martes, agosto 02, 2011

un poema de Sidonio Muralha

Ultimo de “Tres poemas para Cecilia Meireles”

Corría feliz. E incauta.
Y el viento su trenza destrenzaba
mientras un sonido de flauta
ondeaba.

Cuantos años pasaron para que
su cabello de oro y espiga
se cubriera de nieve? Si
alguien lo sabe que lo diga.

O no lo diga. Para qué decirlo?
Si hay algún cabello al viento
ya no es su cabello;

es el de otra niña incauta
que no sabe que cada olvido
tiene escondido un sonido de flauta.

Sidonio Muralha (Portugal)
Publicado en http://www.verinverso.com/search/label/Sid%C3%B3nio%20Muralha
Traducido del portugués por Myriam Rozenberg