jueves, junio 22, 2017

un poema de Humberto Costantini

Eli Eli, lama Sabactani


Adonái, mi Dios,
Dios de los manteles de lino,
y de las primicias.

Dios de las hierbas amargas,
del apio de la lechuga y el " jaroset".

Dios de las palabras inmutables,
y de los gestos inmutables,
de las creencias y de un modo de vida
también perfectos e inmutables.

Dios de los sombreros de fieltro y del "talet",
ley de la" matzá" de los candelabros y de la fina vajilla.

Dios del primero, y del segundo,
y del tercero, y del cuarto vaso de vino
durante la primera y la segunda noche de Pesaj.

Dios de las dulces madres atareadas y prolíficas,
de los graves padres patriarcales,
y de las buenas sirvientas siempre recordadas.

Dios del "lessico familiare"
intransferible y exacto
como una antigua cómoda de roble;
de las palabras "jamor", "goiá", " quinim",
de "Questo e il pane dell' aflizione
che mangiarono i nostri padri
nella tierra d' Egitto:
chi ha fame venga e mangi..."

Adonái de Turín
Adonái del "signor professore
e della signora profesoressa de latino".

Adonái, Adonái
de los Treves, y de los Foa, y de Ghirón,
y de los Sacerdote, y de los Levi, y de los Segre,
y de los Clava, y de los Lattes,
y de las librerías,
y de los claustros,
y de las acreditadas casas de comercio,
y de la antigua sinagoga,
y de la nueva sinagoga,
y de los higos, y de las uvas,
y de las castañas asadas,
y del patriotismo,
de Cavour, y del Brofferio,
pero también, ¿por qué no?, de la Regina Margherita,
y de los nombres Regina, Margherita,
Ida, Zoe, Eugenia, Pina...

Dios de irreprochable solvencia,
burgués y culto,
que mis civiles abuelos
civilizaron con sus buenos modales,
despojándolo
de la antigua locura del desierto,
de su fanatismo,
de sus celos,
de sus terribles caprichos,
y de su plebeyo vozarrón de trueno.

Adonái, Adonái,
"Re dell 'universo,
creatore del fruto della vite".
"Clementissimo Iddio",
bendecidor de las mesas,
y de las camas,
de las hermosas bibliotecas,
y de los viajes de negocios.

Benevolente, itálico Adonái,
tío lejano,
viejo pariente en fotos amarillas,
te ruego me perdones la demora
en contestar tu amable carta,
pero debo decirte:
estoy en Buenos Aires, en América,
tengo que hacer el mundo cinco días,
no tengo tiempo,
pienso que podría afectarte el corazón
esta enorme locura,
por lo tanto es mejor que te quedes en Turín,
que te quedes
a principio de siglo,
abrigado y en paz,
y que me dejes
inventándolo todo del principio.
Te saluda, y a veces te recuerda
con pavota nostalgia:
tu sobrino.


Humberto Costantini ( Argentina)
Publicado en el libro "Poesía y teatro: Obra completa". (Ediciones ryr)

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