jueves, noviembre 17, 2005

jueves de Riachuelo

Los autos suben callejones de chimeneas apagadas.
Hace rato que nadie estaciona en las ramas de tizne.
Sólo se exhibe la cara pálida en suspenso
mirando avisos de un diario que jamás escribe para todos.
En la plaza esperando que llueva de una vez sobre los párpados
alguien trafica la náusea de estar vivo.
Cómo decir que este árbol lleva el estrépito de aves?
Cómo contar que en su copa se acarician fetos como sueños?
En este riachuelo obsoleto
las voces se hacen frías y redondas
la muerte camina a su lado meneando las caderas.
Una mano florece en la avenida
deja besos como plumas a unos niños desnudos
que dormitan fosas de pegamento.
Una niña se ríe, estalla en carcajadas,
porque flota la bolsa por el aire
y ella va detrás como un cometa.
No llegará a la edad de pintarse los labios.

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