viernes, noviembre 04, 2005

Veletas


I

Una veleta oxidada sostiene un gallo que a nadie despierta:
se cansó de cacarearle al mundo.

Ahora el tiempo que cambia de sueños
acomoda la cresta del gallo a su modo.

El ave es presa de su edad
y de la rigidez de un cuerpo que forjaron otros.

Una vez más cuando el viento conduce
nos deja estos dolores.



II
(Veleta en Centenera )

Lo primero es mirar mis manos:
qué es lo desean escribir.
Luego viene el ritual de desgajarme
como una fruta escondo un ser profundamente tierno.
Sentada mientras marcho al trabajo
el pensamiento es un mar que alterna
el sosiego con la tempestad.
Nada me distrae de obsesiones azules
que tienen todo el futuro por delante.
En Centenera mis ojos se posan en la flecha:
el gallo gira y se afirma su imagen en el aire.
La veleta marca su sentido
pero al fin soy yo la que no tiene rumbo.

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