sábado, mayo 12, 2012

un poema de Perla Sneh

castelli y corrientes


¿En qué se detuvo ese ojo que no se quiere
cerrar? Soplo de páramo, tierra golosa, voz
de maestro empeñado en decir. Me guardo
tu herencia, papel de diario, algunos plurales,
la voz ronca, la verguenza, tus nombres,
tantos que son, la órbita oscura, el pómulo
alto, el mirar de los desiertos. Refugio de
tanta historia, morral de arena y de sal,
inocencia loca o triste de soldado sin
batalla. Te fuiste como llegaste, decías que
habías matado. Y lavarte te lavaron como
a los recién nacidos. Quehaceres de hombres,
llorar de mujeres, rasgón de las vestiduras,
pascuas de abandonar. También queda una
gana de sangre. Y la máquina de escribir.


Perla Sneh (Argentina)
Del libro Ciudad Autónoma. Editorial Zama.

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