domingo, enero 29, 2012

un poema de Luís Carlos Patraquim


(Egipto en el Nilo - Foto de Edwin Tump)

Elegia del Nilo

Azul y blanco y el dios cocodrilo en el margen
Delante de las ruinas de Karnak,
como subes, visto desde aquí, de las aguas oscuras
Donde Ogum vertió sus lágrimas y cant´
El surco venidero, persistente y duro caminante
De sul para norte sobre las arenas, rasgando la voluble piel
De los dioses.

Reyes y templos, en tus márgenes ordenaron el mundo
Entre cada ciclo solar, suspendidos del fin;
Y alabo la ciudad de los que partieron, el flujo de la piedra
que todavia interrumpem la geometria del eterno
emergiendo de tu indiferncia; Tu, que escondes los gatos
inmóviles y los sabes para siempre espíritus sueltos, erizados; y te delitas,
los vendo en la ronda de los dibujos enigmáticos, escondiéndose junto a los
Sarcófagos que extrapolan de Ti, como si tu lecho derramado
Se hubiese erguido, de la soledad granular, el perfil oblongo
De la cabeza de Nefertiti y te extendieses en la belleza efímera
De los esponsales de la Carne;

Oh materia perecedera que las ánforas guardan,aguardan,
Nosotros que perdemos el divino sello de las libaciones inaugurales y salmodiamos,
En el miedo litúrgico de la palabra olvidada, el simulacro del Libro
Y la salvación de los muertos;
Lo que subía de ellos, extirpadas las vísceras , iluminados por el oro y el agua
De la que eras la sustancia!

Bajaron las noches y el desmundo bebió en tus márgenes
Mientras Tú cantabas y era de ti el canto
Moldeando la forma, lastimando las ciudades y levantándolas,
Con nuestros pies descalzos sobre la hierba, agachados
Y ligeros, una inscripción de sangre diluyéndose
Hasta el mar.

Luís Carlos Patraquim (Mozambique)
Publicado en http://lyrikline.org/index.php?id=162&L=1&author=lp01&show=Poems&poemId=5391&cHash=dc3bbe4d40
Traducido del portugués por Myriam Rozenberg

miércoles, enero 25, 2012

un texto de Angela Pradelli


(Moisés recibiendo las Tablas de la Ley- Marc Chagall)


La lectura enlaza la memoria con el instante del puro presente; une los tiempos de los textos, todos diferentes, con el modo más inmediato en que vivimos la vida de cada día. Cada jornada renovamos la acción milenaria de leer.

Enlazar la lectura con el presente sugiere llegar hasta el primer lector de la humanidad para conocer la matriz de la lectura. Ese lector habita en nuestros modos de leer y en la marca que la lectura deja en el desciframiento de la herida del mundo, en la comprensión del sentido de los signos.

Quién es el primer lector de la Biblia, el libro de los libros en el que se escribió la historia de la humanidad y en el que se contaron ya todas las historias. De las tres religiones monoteístas, dos de ellas, leen sus propias vidas en ese libro sagrado, que es historia y simbolismo al mismo tiempo.
En Exodo, Dios llama a Moisés para que suba al monte Sinaí y lo designa como único lector de las tablas.

Claro que hubo lectura y escritura antes de Moisés, pero para él escribe Dios por primera vez, y es a él a quien por primera vez hace leer y escribir al dictado de su palabra.

Moisés, que había sido educado en la corte, sabía leer y escribir pero tenía problemas de tartamudez y por eso se sorprende cuando Dios lo elige, cuestiona la elección divina porque lo angustia: “Yo soy torpe de palabra” dice, “Yo soy torpe de lengua”. Pero finalmente acepta, sube al monte y pasa cuarenta días con sus noches leyendo las tablas en soledad. Cuando regresa al campamento y ve el becerro que habían mandado a construir los israelitas se enfurece con ellos y rompe las tablas. Pero en seguida Dios se presenta de nuevo a Moisés y le ordena: “Labra dos tablas de piedra como las primeras, sube donde mí, al monte y yo escribiré en las tablas las palabras que había en las primeras tablas que rompiste”.

Y aunque Dios le dice a Moisés, que él mismo reescribirá las palabras sobre las tablas, más adelante le ordena que escriba esta segunda versión. “Dijo Yahveh a Moisés: ‘Consigna por escrito estas palabras, pues a tenor de ellas hago alianza contigo y con Israel. Moisés estuvo allí con Yahveh cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua. Y escribió en las tablas las palabras de la alianza, las diez palabras’”. (Ex. 34, 27-28). La escena de Moisés lector y escritor fortalece la alegoría en el sentido de que funde lectura y escritura en un mismo gesto de un único acto.

En el medievalismo, el aprendizaje de la lectura se celebraba con carácter de rito iniciático. La celebración de los iniciados en la lectura siempre se realizaba durante la fiesta de Pentecostés, fiesta que recuerda los cincuenta días de la aparición de Dios en el monte Sinaí y la entrega a Moisés de las tablas.

De Moisés descendemos lectores. Nuestra matriz de lectores tiene estas características: la tartamudez, la torpe lengua, la lectura de las palabras divinas (que son órdenes, reglas, normas), la destrucción del texto, la reescritura humana, pero dictada por Dios, para recuperar el texto destruido.

Tal vez Dios haya elegido a un torpe de palabras para mostrarnos en un didactismo exagerado que podremos abordar la lectura aun partiendo de la torpeza más incómoda.

Cuarenta días y cuarenta noches permaneció Moisés en el monte, se abocó a esa lectura, sin comer pan ni beber agua. En ese ensimismamiento, en la intimidad del hombre que lee hay también un signo que es propio de la lectura. Cuarenta días con sus noches leyendo sólo diez palabras: la lectura exige un tiempo lento para descifrar los signos.

Las dos veces que Dios convoca a Moisés para leer las tablas le pide que suba al Sinaí. Hay una relación entre la altura y la lectura. Se lee desde cierta altura, y también: la elevación de la lectura, de la lectura como ascensión, ciertos vuelos.

En Una historia de la lectura, ese bello libro de Alberto Manguel, el autor afirma: “Según el midrash –una colección de comentarios eruditos sobre los significados posibles de los textos sagrados, la Torá que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí era al mismo tiempo un texto escrito y una glosa oral. Durante los cuarenta días que Moisés pasó en el desierto antes de regresar a su gente, leía la palabra escrita de día y estudiaba el comentario oral de noche”. ¿Qué nos dicen estos comentarios eruditos?

Que la lectura de un texto nunca es pura en el sentido de que siempre está enriquecida por otras lecturas, distintas voces, interpretaciones. Los pretextos y los textos posteriores también van a desembocar en el texto madre, aumentan su caudal, cargan sus aguas. Las diversas lecturas, capa tras capa, van explorando la complejidad de las palabras y, una tras otra, todos los lectores enriquecen los signos que leemos.

No tenemos el primer texto divino, no tenemos el escrito original. Nuestro mundo se ha regido por una segunda versión mitad divina, la dicta Dios, y mitad humana, la escribe un hombre.

De la escena bíblica recibimos tal vez el legado de pronunciar todas las letras, aun en la dificultad y la angustia de la propia tartamudez que esparcimos sobre los textos.

Suele decirse que escritura y lectura son dos caras de una misma moneda. La afirmación tiene la intención de unirlas pero las presenta separadas. El relato de Moisés es rico también en el borramiento de la escisión entre lectura y escritura. Moisés sube al monte Sinaí a leer pero para leer tiene que escribir. Leer es escribir y escribir es leer. No son dos, es una única operación.

Hay un énfasis en el valor de la relectura. La reescritura humana es una operación tan poderosa que hasta puede escribir la palabra de Dios y soportar su dictado divino. Y una pregunta implícita: lo que nosotros escribimos, y en consecuencia lo que leemos, ¿nos lo dicta Dios? ¿Son nuestras palabras o es la suya? Un legado que dice también que la lectura y la escritura, aun cuando se experimente en ella fracaso y frustración, aun así, la lectura puede recuperarnos de la destrucción y rescatarnos del aniquilamiento.


Angela Pradelli (Argentina)
Publicado en Revista Ñ.
http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/Biblia-aventura-primer-lector_0_602339777.html

sábado, enero 21, 2012

un poema de Marcia Frazão

Grafito, Sartre & Lee Konitz 

Por qué los portaminas no conmueven?
Los grafitos bien que podían conmover.
Improvisar notas
Sin verbos
Conjunciones
Preposiciones
Señales.
Los grafitos debían ser maleables
Rápidos y reticentes
Como un solo de Lee Konitz.
Los grafitos bien que podían ser sueltos,
Etéreos
Ásperos
Inexplicables.
Los grafitos debían parar de intentar
Explicar el mundo,
Personas
Estados y tiempo.
Los grafitos debían olvidar la náusea
y escuchar más música.



Marcia Frazão (Brasil)
Publicado en
http://www.blocosonline.com.br/literatura/poesia/pcoisas/poecoi116.php
Traducido del portugués por Myriam Rozenberg


martes, enero 17, 2012

un poema de Sebastião Edson Macedo

Una cosa otra cosa


Una cosa es este poema ahora
llamar a mi amigo para adentro

Muchas son las páginas de la gameleira
Aguas que me atraviesan

Sé de espliegos un rezo fuerte
Para desamarrar pajarito

Y porque recojo hojas en la calle

Otra cosa es abrir la casa
Dejar este poema para después



Sebastião Edson Macedo (Brasil)
Publicado en
http://adrianolobao.blogspot.com/2009/01/6-poemas-de-sebastio-edson-macedo-02.html
Traducido del portugués por Myriam Rozenberg



viernes, enero 13, 2012

un poema de Lorezo García Vega

Astas

Astas,¿astas de qué ?, ¿es que esty mirando por mirar?
mirando,mirándome quizá, de abajo arriba, de arriba abajo.
Así que por el estilo, diremos, a lo que es dar vueltas (¿qué clase de vueltas?) en torno a lo que de mí se ha ido.

Me explico, pero ¿cómo me podré explicar? pues desde una zona, pero ¿dónde esta esa zona?, lo increíble, lo tan perdido que es incríble que ahora tan, como diminuto objeto, reaparezca:nombre, o una ceja recordada (?), o una astilla.

Con lo que se trata, quizá, de lo que pudiera meterse en un escapulario de ceniza. pero, pensándolo bien, ¿es un escapulario de ceniza? No,no es eso; si fuera no podría ser eso; ¿cómo podría ser eso? A lo más sería, si queremos decir algo, la Forma que no cuaja, que nunca cuajará.
Forma que es mi inmadurez petrificada.
Y yo además,y yo además, y yo además. Y es que, de esa zona de la cual acabo de hablar, no distingo, a veces, ni un pequeño detalle de mi cuerpo. Pero ¿no es demasiado tonto intentar cajas de música silente, con tantas, todas:esas capas de pasado que,ya, se me han ido muriendo?


Lorenzo García Vega (Cuba)
Del libro No mueras sin laberinto. Editorial Bajo la Luna.

lunes, enero 09, 2012

un poema de Amos Oz


(El Rey David- Eugène Ristau)



Salmo de David

En la casa del ahorcado no se debe decir que la cuerda fue
detrás del cubo. No es banal que una mujer sea hechizada
por una sombra ambulante en Adullam o aquí,
en las llanuras de Bhután. A tu edad, David,
el de los bellos ojos, no tocaba el arpa,
tan sólo con la flauta hacía bailar a las ciervas.
Y con ese instrumento cautivó a Mijal,
a Ajinoam y a Abigail como si fuera una cuerda.
era un instrumento sencillo y pobre, pero las jóvenes
eran embaucadas por la triste melodía de ese extraño,
sonrosado y pícaro, que danzaba y bailaba y pastoreaba
entre los lirios y apacentaba el viento y desfloraba mujeres
cuyos cuerpos tempestuosos se estremecían
bajo su mano, empapada de grasa y sangre de héroes y hábil
con la honda. Así deambuló, mató, amó, venció a diez mil,
y así se convirtió en rey. Años después, en aquel terebinto,
fue la cuerda detrás del cubo. Después, duelo. La casa
del ahorcado. Después, el arpa de los salmos. Al final, la daga.
Cómo ha declinado el día. Ha terminado.
Ahora, polvo.


Amos Oz (Israel).
Publicado en el libro El mismo mar. Editorial Siruela.
traducido del hebreo por Raquel García Lozano.

jueves, enero 05, 2012

un poema de Giovanna Ianni

IV

En un lugar
la vía abierta del mundo

Y en el fondo están los ojos
y no se siente frío ni calor

Sobre el pico más alto de la noche
hay una senda que se traza



En un lugar
el agua cálida durmiente

Y el jardín de lunas que se mueve
y el vestido entre las manos

Sobre el deseo más alto de la noche
hay una osadía de alas

En un lugar
el suspiro minúsculo se transforma

Y el deseo se llora y se ríe
y la ventana separa del mundo

Sobre el espejo más alto de la noche
la senda el deseo las alas


Giovanna Ianni (Argentina)
Del libro Esta frágil realidad. Editorial Vinciguerra.

domingo, enero 01, 2012

un poema de Primo Levi

Partigia

¿Dónde estáis, partisanos de todos los valles,
Tarzán, Riccio, Sparviero, Saetta, Ulises?
Muchos duermen en tumbas decorosas,
El resto, blanco ya el cabello,
Narran a los hijos de los hijos
Cómo, en el remoto tiempo de la certeza,
Rompieron el cerco de los alemanes
Arriba donde pareciera flotar el telesférico.
Algunos compran y venden terrenos,
Otros mordisquean la pensión de la Seguridad Social
O se arrugan en las dependencias de la Administración.
Alzaos, ancianos: para nosotros no hay descanso.
Vayámonos de nuevo a la montaña.
Lentos, cansados, vendadas las rodillas,
Con el peso del invierno en la espalda.
El descenso del camino será duro,
Duro nuestro lecho, duro el pan.
Nos miraremos sin reconocernos,
Desconfiados unos de los otros, dolidos, oscuros.
Como en aquel entonces, centinelas,
Vigilando al alba el ataque enemigo.
¿Cuál enemigo? Todos somos enemigos.
Vencido cada cual por su propio límite,
La mano derecha enemiga de la izquierda.
Viejos: alzaos, enemigos de vosotros mismos:
Nuestra guerra nunca ha terminado.

23 de julio de 1981.

Primo Levi (Italia)
Del libro A una hora incierta. Editorial La Poesía, señor hidalgo.
Traducido del italiano por Jeannette L. Clariond.