miércoles, marzo 20, 2013

un texto de Graciela Schvartz

Recomendaciones
 
Una chica a una fiesta debe ir ya comida, inaceptable tirarse sobre la fuente de chips, la voracidad es puertas adentro, el hambre misma, cualquier deseo si vamos al caso, no mostrar, no mostrarse, y ya que llegamos al punto, para que él caiga rendido a tus pies no hay mejor estrategia que la indiferencia, no mirar, no exponerse, no mostrar tus pensamientos, hacer como si nada, como si él no estuviera, en lo posible llegar tarde, hacer creer que no vas a ir, que tu ausencia marque un vacío y que entonces tu llegada sea un advenimiento, si te dijeron a las nueve y media por ejemplo, si se supone que a las dos termina todo, las once, once y media serìan buena hora, venir de otra fiesta: un argumento extraordinario (¿quién va a saberlo a ciencia cierta?), disculpas (sonrisas) disculpas, no pude llegar antes, se me hizo imposible, crear una incertidumbre, una ansiedad en la espera, que el otro se pregunte lo que te preguntás vos y si, cansado de esperarte, hubiera ya partido cuando llegues, no mostrar ni por un minuto la decepción, esconderla hasta en sus más mínimos detalles, que no haya un gesto que te delate, ningún ademán que pueda traicionarte, y cuando entres, aunque él sea el primero al que estás viendo, hacer como que no, que no lo viste, asombrarte cuando venga a saludarte, aplomo, más aplomo, que no descubra nunca que estuviste contando los minutos para llegar a destiempo, que la tardanza sólo fue una triquiñuela para demorar el momento de encontrarlo pero si él está, si vos llegaste, si te saca a bailar, no bailes lento y si lo hicieras, poné el codo, pero no te dejes, nunca te dejes.
 
Graciela Schvartz (Argentina)
Del libro Señales de vida. Editorial Emecé.

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