martes, abril 09, 2013

conspiraciones


Primero una tanteó para ver si podíamos.  Yo sabía que sí. Es el momento, insinué. Entonces la invitada, viendo la vía libre, se sentó en el asiento de la ausente  y nos pusimos a hablar, a dialogar, a difamar a la mujer de negro.

Todas sabemos que hay cosas que no se pueden decir.  Es una cuestión de supervivencia. Como en otras épocas, cruzar miradas que se incendian y callar, porque el cuchillo viene en forma de video y el cadáver en el ropero lo fragua un inspector del fisco.  

No tienen la menor idea de lo que es la libertad y luchar por ella fuera de la iglesia.  La fe en los dioses es un asunto íntimo, que no nos fuercen a hacer saludos a la muerte en los campamentos.

Todo esto opinamos y, de pronto, los pasos de alguien en el pasillo activan una cierta apariencia del reflejo de Pavlov y en vez de expulsar saliva, la tragamos. Otra vez hundidas en el silencio.

 

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