viernes, abril 05, 2013

un poema de Graciela Aráoz

XXII

Me pidieron que cerrara la puerta.
Yo la abrí.
No puedo decir que no puedo.
Las palabras.
                           Un laberinto me recorrió.
Se hundió el río de la infancia
y yo ahí, abriendo la puerta,
el corazón, la boca.
Abriendo la lágrima que se secaba.
Y yo ahí, anochecida, roja de deseo.
No puedo decir que no puedo.
El lenguaje está de pie.
Y yo decido cerrar la puerta.


Graciela Aráoz (Argentina)
Publicado en el libro Diabla (Ediciones Ultimo Reino).

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