lunes, abril 29, 2013

La violencia invertida

No hace mucho tiempo, durante la función de un circo en un país de América Latina, un domador fue atacado por un tigre.  Este le clavó las garras en el cuello, abriéndole un hueco tan grande como el canal de Panamá, y el domador comenzó a sangrar a borbotones hasta que finalmente murió.
En el momento del ataque, los espectadores comenzaron a gritar, las madres escondieron los ojos azorados de los niños para que no pudieran ver la aparición inesperada de la muerte en la arena. La gente, que tan valientemente porta armas para defenderse de la violencia urbana, hábito que defiende en los canales de televisión, escapó dando aullidos superiores a los proferidos por el felino.
Los diarios titularon frases similares a “HORROR EN EL CIRCO” en una tipografía morbosa, y los ciudadanos de bien se arremolinaron ante la morgue judicial para exigir que mataran a la bestia o que por lo menos le quitaran las garras, así aprendería.
De los golpes y castigos que recibía el tigre para ser domado, nunca nadie habló.

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