jueves, enero 30, 2014

un poema de Gerardo Lewin


Bar Minutas La Pura

 
El tema de esta noche
son algunas mujeres
bastante comentadas.
Son la Rubia, la Gorda,
La Pety, la Grandota.
Hay gritos que no turban
en general a nadie
ni en particular a uno
que sonríe inmutable.
Viste frac
y su eterno peinado a la gomina
me saluda lustroso desde el cuadro.

Es verano.
Han sacado dos mesas a la calle.
En ellas se han sentado
algunos viejos personajes.
Shilock, de saquito blanco
y camisa manga corta,
fuma tranquilo su cigarro Avanti.
El mozo oriundo de Galicia.
Alguien con pinta de haber sido
presidente de Atlanta
y que quizás lo sea…
( en Villa Crespo abundan
los presidentes derrocados).
En fin, variada gama.

Una mujer morena atiende un quiosko.
Callada,
tiene en los ojos algunos matices
que podrán resultar peligrosos
para ese pobre iluso
que se acerca a comprar caramelos.

Ya no hay nadie.
Pasan autos, camiones.
Suena una bocina.
Fumo.
Alguien saluda.

El universo se expande
y mientras tanto me he quedado solo.

Corrientes, dicen, nunca muere.
 
Y aunque sé qué pequeño es este instante,
este café,
mi vida
frente a esa otra eternidad,
quisiera
no morir,
quedarme para siempre
escribiendo este poema.

El mozo va apagando
poco a poco las luces,
una acá y otra allá,
insinuando sutil
que ha llegado mi hora.

Tendré que irme, por supuesto.
Pero eso será igual,
seguramente,
a medias.

Mi verdadero yo se habrá quedado.

 

Gerardo Lewin (Argentina)
Del libro Amores Muertos ( Editorial El Jabalí)

 

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