jueves, marzo 28, 2013

un poema de Jorge Lauten


No más bajo el árbol de Bô

No más la pureza de Ramahyana
el incienso y el sándalo
los pies desnudos en las piedras del tiempo

mientras ellos coman en mi mesa
en la vieja cada de Dili
no me sentaré más bajo el árbol de Bô

Jorge Lauten (Timor Leste)
Publicado en http://www.jornaldepoesia.jor.br/jo02.html
Traducido del portugués por Myriam Rozenberg

domingo, marzo 24, 2013

un poema de Daniel Chirom


(Sundown - Martina Shapiro)

La diáspora

Hacia los cuatro vientos,
el polvo del camino nos nubló la vista.
Descendimos
hasta volver.
Estamos en todas partes y no somos nadie,
sólo la noche nos rescata.
Nuestro horizonte es la cruz del sur
donde ojos entrecerrados
aún tocan música.

Daniel Chirom (Argentina).
Publicado en el libro Candelabros (Ediciones El Jabalí)

miércoles, marzo 20, 2013

un texto de Graciela Schvartz

Recomendaciones
 
Una chica a una fiesta debe ir ya comida, inaceptable tirarse sobre la fuente de chips, la voracidad es puertas adentro, el hambre misma, cualquier deseo si vamos al caso, no mostrar, no mostrarse, y ya que llegamos al punto, para que él caiga rendido a tus pies no hay mejor estrategia que la indiferencia, no mirar, no exponerse, no mostrar tus pensamientos, hacer como si nada, como si él no estuviera, en lo posible llegar tarde, hacer creer que no vas a ir, que tu ausencia marque un vacío y que entonces tu llegada sea un advenimiento, si te dijeron a las nueve y media por ejemplo, si se supone que a las dos termina todo, las once, once y media serìan buena hora, venir de otra fiesta: un argumento extraordinario (¿quién va a saberlo a ciencia cierta?), disculpas (sonrisas) disculpas, no pude llegar antes, se me hizo imposible, crear una incertidumbre, una ansiedad en la espera, que el otro se pregunte lo que te preguntás vos y si, cansado de esperarte, hubiera ya partido cuando llegues, no mostrar ni por un minuto la decepción, esconderla hasta en sus más mínimos detalles, que no haya un gesto que te delate, ningún ademán que pueda traicionarte, y cuando entres, aunque él sea el primero al que estás viendo, hacer como que no, que no lo viste, asombrarte cuando venga a saludarte, aplomo, más aplomo, que no descubra nunca que estuviste contando los minutos para llegar a destiempo, que la tardanza sólo fue una triquiñuela para demorar el momento de encontrarlo pero si él está, si vos llegaste, si te saca a bailar, no bailes lento y si lo hicieras, poné el codo, pero no te dejes, nunca te dejes.
 
Graciela Schvartz (Argentina)
Del libro Señales de vida. Editorial Emecé.

sábado, marzo 16, 2013

círculos parlantes

(Beatriz Milhazes- Love 2007)
Puestos sobre la tela, los círculos hablan.

El amarillo hace de estrella, luna que cae.
Hay otros que semejan virus con sus capas de fosfolípidos.
Fucsia, naranja y verde, unos aros. ¿De qué oreja penden como cuerpos muertos?
Lunares de viejos vestidos se ordenan a la izquierda, marchan soldados detrás de un muro cubierto de ligustrina.
¿Y esa flor que recuerda el papel plegado en horas de actividades prácticas, o mejor dicho, las carpetas que componía la abuela con la aguja de crochet? Todos giran, trescientos sesenta grados sobre su eje.
Se mueven nocivos, para alguien que mira y se conserva quieta.

martes, marzo 12, 2013

antigüedades


La semana pasada he leído con sorpresa que más de cien anticuarios de San Telmo han cerrado sus puertas.  Indicaba la nota que el mercado está paralizado, los alquileres, muy caros y ya nadie invierte en productos que reditúan a tan largo plazo.

Hace un tiempo solía recorrer ese barrio para comprar antigüedades a pedido de un amigo.

Fui un par de veces a comprar unas botellas de agua de los años 40 en una ferretería de la calle Salta.  En un negocio por demás oscuro, conseguí unos botines de cuero que habían pertenecido al jugador de Independiente De la Mata y en pleno centro comercial, esto es, la calle Defensa, una caja registradora  National, que salió carísima pero a la que recuerdo especialmente porque me costó horrores trasladarla. Honestamente no sé para qué la quería, no era para facturar nada. Es evidente que hay que ser coleccionista para entender ese amor por las cosas obsoletas, inservibles. Es más fácil comprender el interés por las obras de arte que nunca pasan de moda, pero justamente esas cosas no eran del agrado de mi amigo.

En esas andanzas, yo me entretenía pensando de dónde vendrían todos esos objetos que abundaban en las casas de antigüedades. ¿Qué manos los habían tocado?

Lo que más me llamaba la atención eran las esculturas de santos y vírgenes, del tamaño de un adulto,  terriblemente pesadas, que se ponían a la venta con precios exorbitantes. ¿Quién las había tallado? ¿Para quién?

Más de una vez imaginé que habían pertenecido a alguna iglesia española, robadas de su puesto y trasladadas a América, para ser colocadas en la casa de algún comerciante que deseaba dejar tranquila su conciencia, regalándole las esculturas a su esposa, devota católica que no se conformaba con ir a rezar a la iglesia de la aldea, sino que quería tener su capilla personal en su amplia casa. Así habían llegado del otro lado del mar, entre otras imágenes,  un San José del SXVIII estucado y varias vírgenes imposibles de discernir por su uniforme, estofadas y policromadas del SXVII, que  abrigaban un rosario entre sus manos. También había obras de arte sacro de origen americano de las que era fácil darse cuenta porque habían sido esculpidas en otra madera, como el cedro.

No siendo católica, pero conociendo el temor al encierro (me atrevería a afirmar que esa preocupación es casi una fobia) todos ellos me daban pena. Me miraban como diciendo: “Sácame de aquí, pertenezco a otro sitio, donde puedan ponerme una flor  o un limosnero”. Muchas fueron las veces que al observarlos con detenimiento me pareció oír:”Necesito tener muchos fieles cerca, personas arrodillándose ante mí, haciéndome promesas”. Pero no veía bocas que se abrieran ni manos que se movieran, ni siquiera las sotanas de los santos o los hábitos de las vírgenes se agitaban un poco.

Ahora, muchas de esas casas que  exponen estas imágenes están por cerrar y me da tristeza pensar que esos seres humanos atrapados para siempre en la madera, van a continuar paseando de depósito en depósito sin volver nunca más al lugar que desean.

viernes, marzo 08, 2013

un poema de Javier Etchevarren

Tránsito II


(Ciudad - Dardo Aguiar)


el ómnibus nos regresa a los dormitorios
en el ojo de su ruido
apegados de acuoso cansancio
ya soñamos el próximo sueño

trozos enormes de pasajeros
quiebran las tinieblas que suscitó la modorra
compiten por el aire insuficiente
ruegan al chofer y al tiempo
que aceleren el descenso
hacia nosotros mismos

pero el tedio se parte como el mar rojo
solo el ruido del motor
empuja su itinerario
porque una niña acaba de subir al ómnibus
una niña con su túnica y su moña
y un bebé de pocos meses en los brazos


Javier Etchevarren (Uruguay)
Publicado en el libro Desidia ( Editorial Vil).

lunes, marzo 04, 2013

un poema de Kavita Jindal


Eso es la guerra

Al final, te preguntas cómo
bombardeaste un camión lleno de civiles,
sólo por cumplir órdenes.

Al final, declaras
si tuvieras tu tiempo como genio nuevamente
no habrías inventado la bomba atómica.

Al final, preguntas
por qué tu vida se extingue fácilmente
mientras el mundo mira en la tele.

Al final, dices
cómo es que los políticos
no pisan los campos de batallas?

Quién decide al final
quién es honorable y quién no lo es?
Aquellos que fabrican armas venden a todas las partes.

 

Kavita Jindal (India)
Publicado em http://www.blackcatpoems.com/j/thats_war.html
Traducido del inglés por Myriam Rozenberg