lunes, agosto 08, 2005





Dicen que el viaje nunca termina.
O más bien que el viaje termina cuando es relatado.
Yo no sé cuán interesante puede ser un viaje en subte.
Pero en ese trayecto
que para mí suele durar una media hora
además del eco del tren al pasar por el túnel
bajo ese firmamento de piedra oscura
las voces se enrollan multiplican
y el paisaje de columnas
obliga a orientar los ojos hacia el horizonte del vagón.

Entonces se me vienen poemas enteros
que luego desecho por feroces e indescifrables.
Miro setenta veces siete
a los pasajeros de enfrente
que juegan a desnudarme en su imaginación
mientras de reojo el libro de mi vecina
me parece muy bueno.

Así paso el tiempo
entre murmullos y ronroneos
porque si se viaja en subte
-se sabe-
es de mala educación andar profiriendo gritos.
Todo debe ser la apariencia
de una contraseña infranqueable
que sólo podrá descubrirse
al volver a inspirar
el aire nauseabundo encima de la tierra.

No hay comentarios.: