lunes, febrero 04, 2013

días amarillentos


Hay días amarillentos, no por mustios sino por calurosos. Disponen entre sus horas de mucho rayo de sol.

No hace falta ser un genio para darse cuenta que ayer era uno de esos días, tan agobiante, tan tedioso.

Era mejor ignorar ese número fatal llamado sensación térmica, que desdobla la temperatura real en un rango de situaciones: una, pésima; la otra, inmejorable.

Amarrada a ese fuego severo, rendí un examen de portugués. Deseaba estar en una playa en Brasil y no caminando sobre el cemento abierto del microcentro, calles operadas por las reparaciones municipales.

A la noche, obsesivamente, clavé la página del servicio meteorológico en mi mano, como si fuera posible que me anunciara en línea la llegada de la frescura.

En un momento incierto, un grito al unísono de los cartoneros desgarró la modorra. No era un gol del equipo más famoso. Pero quizás otra valla quebrada.

Nunca fue tan patente la felicidad.

Al largarse el chaparrón, también el conductor del tren festejó sumándose a las voces: hizo sonar un bocinazo continuo, duradero, hiperbólico.

1 comentario:

ALACAZUM PALAVRAS PARA ENTRETER dijo...

Aqui, também faz calor mas o vento nos acaricia a face. Enquanto você deseja uma praia do Brasil eu desejo as largas calçadas de BS AS.