viernes, abril 28, 2006

el hombre invisible



A Diego Reyes


No hay nada
dice el hombre invisible mirando para adentro.
No hay adentro en realidad.
Todo es transparente, un vacío que puede atravesarse.

La desdicha es esplendor de los burgueses.
Deberías conformarte.
Hay quienes nacieron sin su boca.
Hay quienes nacieron con boca pero sin dientes.
Hay quienes nacieron con dientes pero sin lengua.
Hay quienes nacieron con lengua pero con hambre.
Hay quienes no tienen hambre pero no tienen piernas.

Y el hombre invisible intenta escribir un poema
y la tinta anda suelta por unas manos que no tiene.
Y se mira al espejo y nunca encuentra a nadie.

A veces se pregunta cómo es que vino al mundo.
No se veía ya en el embarazo.
Hasta creían que era psicológico.
Pero su madre sintió los dolores del parto
y al pujar y pujar se dio el milagro:
un ser inmaterial, etéreo, no tangible,
al que le pusieron un nombre
porque la nada también se bautiza.

Es absurdo vivir intentando ser un alguien
que la naturaleza quiso que no fuera.
Por eso el hombre piensa en la cicuta
que en una estudiada muerte filosófica
dé por terminada tremenda existencia.

Pero se acuerda que no tiene estómago
ni sangre por donde el veneno realice un recorrido
ni pulmones que ahogar
ni corazón que detener
en fin, sólo oquedad.
Sólo habrá que esperar que el tiempo lo proteja
con un hálito de suerte
para dejar de ser ese no ser que ni siquiera tiene sombra
igual que en el pasado Peter Schlemilh.

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