jueves, abril 20, 2006

Julio César recuerda a Nicomedes


Nunca me acordé tanto de ti Nicomedes
ahora que esta daga está entrando en mi cuerpo.

Es triste llegar a este momento para entender
por fin el dolor de los crucificados
la angustia de los gladiadores sueltos en la arena
y la estupidez de los gritos apabullantes del público.
No por nada le respondí a Calpurnia hace algunos días:
Sólo se debe tener temor al miedo.

Durante tantos años me deleité
con la sensualidad de las mujeres.
Pienso en este instante en la lujuria de Cleopatra,
que tendrá que volverse a Egipto
sola con el pequeño Cesar
y en las tantas esposas de mis enemigos
que cayeron furibundas en mis brazos
pero Venus , la madre de mi estirpe,
sólo me hizo conocer el amor en tierras de Bitinia.

Así como aquella noche en que ofrecí la copa de vino
al cuenco de tu boca
y los eunucos comprendieron que la escena importante
no eran ellos, mera escenografía de una obra
que estábamos por representar nosotros,
hubiera querido que fueras tú el que enterrara
veintitrés puñaladas en este dictador.

Bruto se aleja, corren a distancia los otros traidores.
Caigo cerca de una estatua de Pompeyo.
No es verdad que tenga últimas palabras para aquellos imberbes.
Cruzo de nuevo el Rubicón y me espera tu rostro.

4 comentarios:

laveron dijo...

¡qué fineza!...y talento...realmente.
un beso
laura

Myriam dijo...

gracias Lau! Qué justo que ayer anduve un rato largo por tu blog, aunque no comenté. Te siento alerta con todo lo que pasa en tu interior y al mismo tiempo poeta que retrata nuestro tiempo. Besos!

Lidia dijo...

Muy buen trabajo algo mendezcariegano (¿te gustó el getilicio?)
Lidia

Clara dijo...

Myriam, me gusta mucho lo que hacés, es serio y sentido. Me hace pensar cuanto y tanto me falta trabajar.

besos, Clara