martes, mayo 16, 2006

un texto de María Negroni

El juego sin nombre

Estoy recostada en un sillón, al borde de una autopista, hablando con mi madre. Ella dice:
-Lo sabía. ( Se refiere a las disputas con mi amante que aparece en segundo plano, como Velázquez en el cuadro de Las Meninas.)
Un hombre casi viejo, a quien odio y admiro a la vez,un monarca más gris que la bruma, se acerca y empieza a tocarme en la zona del corazón. ( Mi madre ha desaparecido.) No hay erotismo en sus gestos. Apenas, entre él y yo, la vigilia y colores que no existen. Le pregunto si existo de verdad. Le pido que enumere mi rosario de crímenes. Alguna prueba eficaz. Algo más que esta fiebre, esta ausencia atareada, este empeño de emociones rígidas como el metal. Su figura es un bosque. Dardos en combate. Una imagen huraña en el espejo.
-Si no deja de tocarme-pienso-, abrirá en mí una distancia, un abismo presuntuoso ( como el que aparta a una piedra de sí misma). Acabaré tratando de robarle una forma, de inventar un sentido, de decir lo que no debe decirse-bajo ningún pretexto-en palabras. Me perderé.
Silencio. Pasa una leve sombra temblorosa. El resto es la autopista y yo entrando en lo anónimo, el sordo susurro de un trozo de escritura mientras sube la noche, la noche sube, pálida.


María Negroni (Argentina)
Del libro El viaje en la noche. Editorial Lumen.

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